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Miguel Martorell: «España fue una colaboradora, vamos a decir, pasiva en el expolio nazi»

El catedrático de Historia elogia la devolución de arte del Museo de Pontevedra

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El museo de Pontevedra devolvió este verano a Polonia un díptico que había adquirido en 1994 dentro de una colección, pero que luego descubrió que en su día había sido expoliado por los nazis. En Los pacientes del doctor García (Tusquets Editores), de Almudena Grandes, «una de las tramas es sobre lo que hacen los nazis para sacar personas y sacar patrimonio. Está muy documentado ese libro». La valoración es de Miguel Martorell Linares (Madrid, 1963), catedrático de Historia Política y Social de la UNED y autor del libro El expolio nazi (Galaxia Gutenberg). Mañana lunes, a las 19.30 horas, hablará en el Ateneo de Santiago de las causas, el desarrollo y las consecuencias de ese expolio, una cuestión que, destaca, sigue siendo muy actual. Sobre el díptico de Pontevedra, atribuido a la escuela del pintor flamenco Dieric Bouts (Haarlem, 1415-Lovaina, 1475), Martorell dice que desde la Deputación de Pontevedra, responsable del museo, «comprobaron que esa obra había sido parte del expolio e hicieron lo correcto, que es devolverla».

—¿Hasta dónde llegó el expolio?

—Los nazis arrasaron con el patrimonio cultural de toda Europa del Este a lo bestia porque se llevaron el arte de las colecciones privadas, de los museos, de las iglesias... Ellos consideraban que los eslavos son seres inferiores que no tienen derecho a la cultura y entonces arrasaron con todo. En Europa occidental, por esa jerarquía racial que tienen, consideran que los occidentales [franceses, holandeses, belgas...] eran pueblos cultos. Entonces, lo que hacen es arrasar con el patrimonio de los judíos y de enemigos políticos, pero no se llevan el patrimonio de los museos. No vacían el Louvre, por ejemplo, como hacen en Polonia con las grandes colecciones, o en Rusia. Lo que hacen en Europa occidental es comprar muchísimo pero en unas condiciones impuestas por la fuerza: las monedas francesa, holandesa o belga están muy devaluadas frente a un marco muy fuerte. Acumulan una cantidad de patrimonio brutal: de la Unión Soviética se llevan un millón de cosas, de Francia cerca de cien mil, de Holanda 60.000... Digo cosas porque no son solo cuadros, hay esculturas, libros incunables… Lo que llamamos objetos culturales, en general.

—¿Cuánto se recuperó?

—Cuando acaba la guerra, una parte de eso se restituye a sus dueños, pero hay otra parte, como un 40 %, que no aparece. Esta parte o bien se destruyó durante la guerra o está pululando por el mercado más o menos clandestino. El problema es que entre 1950 y los años 90 no hay ningún control del mercado del arte. Eso hace que se disperse por todo el planeta. Los casos que hay en España en realidad no son de obras de arte que estuvieran aquí desde la guerra, sino que han sido compradas en el mercado internacional en los años 40, 50, 60, 70...

—¿Quién las compraba?

—Europa es un gran mercado del arte durante la Segunda Guerra Mundial. En París venden auténticas millonadas. Un mercado con una moneda devaluada hace que comprar en Francia sea atractivo para ciudadanos de toda Europa y de América. Muchos españoles compran arte en Francia y no preguntan de dónde viene. Tengo un caso documentado, el de José María Aguirre, que se pasa media guerra comprando obras de arte en París, en Burdeos… El que le vende, un marchante de París, le envía la factura detallando lo que le ha vendido. Él se la devuelve y le pide que se la haga por el total pero sin detallar, no vaya a ser que luego venga alguien a reclamar.

—¿Qué papel juega España?

—España es una colaboradora, vamos a decir, pasiva. Sabemos que pasaron muchas obras de arte por la frontera y tengo documentado un solo caso en el que interviene la policía de aduanas. Además, España es el último país en romper las relaciones diplomáticas con la Alemania nazi, lo hace en mayo, unos días antes del final de la guerra. Y hasta abril, cuando ya se ha producido la debacle, están viniendo aviones desde Berlín que tenían valijas diplomáticas cargadas de cosas. Así llegaban cinco contenedores, seis… Pero como era valija diplomática no se podía abrir. La impresión es que se estaba vaciando todo a través de España. Nunca tendremos datos oficiales.

—¿Qué obras venían a España?

—Lo que podemos intuir es que lo que vino a España después de la guerra son piezas de segundo orden. No tienen un altísimo valor, pero circulan mucho durante la guerra porque el arte es un valor seguro para invertir. Al final una tabla del siglo XVII tiene un valor constante. ¿Cuánto se quedó? Es imposible saberlo. Los índices de las galerías de los años 40 dan alguna pista: qué sale a subasta, qué sale en la prensa…

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